La Historia se repite sea en 1900 o en el 2020 :
Y esta historia se repite cuando, tanto un hombre como una mujer llegan a los 18, y se creen mayor de edad. Esto le ocurrió a una piba como tantas, que no aceptaba los consejos de la madre ni de un hombre de mundo. Porque a veces culpan a los padres, pero sí a veces puede ser la madre, o el padre, que por celos le evitaba muchas pavadas, pero padres al fin. Y esta piba de barrio, que cuando cumplió los 18, se creyó dueña del mundo y creyó que de golpe, por cumplir los años, tenía derecho a irse de la casa con amigas porque ya era mujer, y creyó que así era dueña del mundo, qué bolulu! Es como perder en la vida, a veces por una estupidez. El día que habló con la madre y no con el padre, de ir a vivir con unas amigas, porque creía que iba a estar mejor. Es como la propaganda que sale en televisión, dejala ir a la nena, total van a usar preservativos, y a muchos hombres eso le causa gracia, pero a muchos padres padres, que cuando ven eso sufren porque tienen una hija. O aquel tarado que le dice al hijo, nosotros nos vamos por dos días, no seas bolulu, traete una mina, como en mis tiempos hacía yo cuando mis viejos se iban, porque era piola. Yo le diría a ese padre, por qué no le dice a la hija, nos vamos de vacaciones, te queda la casa sola, traete algunos amigos y haces lo que tengas que hacer. Y por qué no se lo cuenta a los amigos del café, así algún día le van a decir, cuándo te vas para afuera para mandar a mi hijo a tu casa para cuidar a tu hija? A todo esto, quién tendrá la razón? El hombre piola, o el hombre bolulu?
Y esta piba, creyéndose ya llena de sabiduría, con su pequeña valijita, cuando llegó a la esquina, se sintió feliz, porque en el pensamiento, abrió el candado de la cadena que ella creía que sa sacaba, y en vez del saludo cuando levantó la mano, la madre pensó, le dijo adiós, y ella pensó, por fin tiré esta llave. Y así, arrancó en su vida, vivir con las amigas, manguear un cigarrillo, acostarse a la hora que quería, levantarse cuando quería. Ya a los dos meses, apareció por la casa, con la misma ropa, con los mismos zapatos, pero sí contó sus grandes hazañas, pero nunca se dio cuenta que para las amigas era una piba nueva para gancho de otro galán. Se dio cuenta que para estar bien tenía que lavarse la ropita, que eso lo hacía la madre, pero que le faltaba el jabón y todos los elementos para tener la ropa limpia, que eso traía el papá. Se dio cuenta que para tomar un mate, o un vaso de leche, no estaba la madre, que era ella misma, que había que pagar la luz, el teléfono y el alquiler. Ya a sus amigas se les apagó la sonrisa porque no trabajaba, se acostaba a cualquier hora, se levantaba a cualquier hora, que algo tenía que hacer, porque tenía que aportar, y ahí le pusieron ideas raras para que no le falte comida, plata y los cigarrillos, y así pasaron seis meses. Un día se dio cuenta el valor de la madre, y cuando volvió, no contó hazañas como lo hizo la primera vez. Pidió cariño, abrazos, y en un momento dado, en silencio, le dijo a la madre: ya cuando me fui, me creí toda una mujer, qué estúpida que fui! Y vos mamá qué pensás? En voz baja le dijo, hagas lo que hagas, te sientas madre o mujer grande, para mí vas a ser lo que sos, mi chiquilina, mi bebota, y ojalá Dios no te haga crecer más. Serás siempre para mí, mi nena, aunque vos a veces me decías, ya soy una mujer grande. Qué tonta que sos. Vení a mis brazos que te voy a contar un cuento así te dormís como lo hacías antes. En el brillo de la luz, se vieron dos manos jóvenes apretar dos manos cayosas, cansadas de trabajar y dos lágrimas que caían en el delantal como si fueran el agua bendita de Dios. |