Antes del utomóvil :
Hace cien años no era nada raro que la gente no hubiera viajado, ni conocido zonas de las más cercanas a donde ellos vivían. El transporte tirado por caballos era lento y muy incómodo, sobre todo en las zonas rurales donde los caminos estaban totalmente embarrados y los senderos surcados. Los mejores caminos estaban pavimentados con guijarros, pero seguían siendo irregulares y con baches. En las ciudades tráfico y peatones se mezclaban en las mismas calles. En nuestras ciudades, en el Uruguay, sucedía exactamente lo mismo que en el resto del mundo, y aún, en algunas calles en reparación, u otras que todavía conservan los adoquines, que parecen piedras regulares del tipo de los ladrillos, aunque algo más grandes. Había carruajes de propiedad privada, grandes y pequeños, vehículos comerciales dedicados a transportar mercancías de todos los tipos, y vehículos de transporte público para los que no podían tener sus propios carruajes.
Sólo los ricos podían mantener carruajes importantes que se llamaban «cabriolé». Generalmente lo conducía un cochero, nunca el propietario y, normalmente se guardaba para las ocasiones destacadas.
Los vehículos privados de dos ruedas se llamaban calesas o calesines. Llevaban uno o dos pasajeros y solían ser tirados por un caballo. Para los viajes largos había diligencias. La velocidad media era sólo de 16 kilómetros por hora (o sea 10 millas), por lo que los viajes largos podían durar días. Los asientos eran duros y los viajes muy incómodos. Los cabriolé con el pescante a la zaga se usaban como taxis. La tarifa del pasajero era el doble que la del ómnibus. La demanda de transporte público creció a medida que las ciudades aumentaron su tamaño. El primer ómnibus de pasajeros tirado por caballos apareció en la década de 1850 y tuvo mucho éxito.
Los carros eran un tipo de vehículo que se usaba para transportar barriles de cerveza. A veces eran tirados por cuatro caballos y otras veces por dos grandes caballos enganchados uno tras otro. El método más rápido de transporte era montar a caballo. En las ciudades se usaban mucho las carretillas para acarrear equipajes a cortas distancias. Un tipo de coche popular era el «landó», llamado así por Landau, la ciudad alemana en donde se hizo por primera vez. Los landos tenían normalmente asientos para cuatro personas, capotas delantera y trasera que se podían plegar cuando el tiempo era bueno. |